En el marco de la necesaria reforma legal para despatologizar la transexualidad en el estado español, emergen debates de fondo en el interior de los feminismos. Esos debates, que están siendo distorsionados y deformados por la lógica partidista y las dinámicas fanáticas de las redes sociales, tienen una historia y unas genealogías. Para entender lo que está en juego hoy en el feminismo tiene sentido remontarse a los debates de los años 90 sobre la identidad, así como recorrer la historia de la “transexualidad” y las preguntas que esta categoría abrirá para los feminismos y los estudios de género. En un contexto actual caracterizado por el auge de los proyectos reaccionarios y los repliegues identitarios de las izquierdas, el encuentro del feminismo con la cuestión trans obliga a pensar la identidad en varios sentidos. Por una parte en cuanto a la cuestión de las identidades colectivas: ¿Necesita el feminismo un sujeto identitario? ¿Es el feminismo una lucha solo de las mujeres? Esas preguntas, de suma importancia para hacer posible una política feminista más allá de la identidad, están relacionadas con la manera en la que pensemos la identidad de los sujetos individuales. ¿Es la identidad de género una verdad de los sujetos? ¿Cómo pensar la identidad más allá del voluntarismo y el esencialismo determinista? ¿Es posible una política trans feminista? Todas estas cuestiones son importantes porque implican, en última instancia, una manera de llegar a la pregunta acerca de la emancipación. ¿Es el género incompatible con la agencia y la libertad? ¿Tenemos que abolir el género para “ser libres”? ¿Dónde está el botón para abolirlo?